Para Revista Al Filo
6/9/08
¿Qué pasó el 8 de Septiembre de 1943?
Día Internacional del periodista
A 65 años del asesinato del escritor, periodista y militante comunista checo y de origen Judío, autor de “Reportaje al pie del patíbulo”
Como al Che, a Víctor Jara y a miles de otros luchadores populares a Julius lo asesinaron las fuerzas del fascismo, no sin sudor ni complicaciones. Era ya la media noche y en la oscuridad de la cárcel de Pánkrac, entonaba a los gritos, mientras esperaba su ejecución, las estrofas de la Internacional. Corría el años 1943. Los nazis para ejecutarlo el día 8 de septiembre de 1943, quince días después de su condena, tuvieron que amordazarlo.
¿Como llegó Julius hasta aquí? Bueno, intentaré resumir en algunas cuestiones relevantes una vida de heroísmo cotidiano. Ese que es tan difícil de ver, ese que es imprescindible.
Fucik nació el 23 de enero de 1903 en Praga, en el seno de una familia obrera. Estudió filosofía en le Universidad de Pilsen. En 1921 ingresó en el Partido Comunista y por esas mismas fechas se inició como crítico literario y teatral. Luego fue redactor de las publicaciones comunistas Rude Pravo y Tvorba en las que insertó reportajes sobre temas sociales y culturales. A comienzos de los años treinta realizó varios viajes a la Unión Soviética. Fruto de esos viajes es su obra documental En la tierra donde el mañana ya es ayer.
En 1939, Hitler ordenó la invasión de Checoslovaquia ante la complicidad de las potencias occidentales. En febrero de 1941, Julius pasó a ser miembro del Comité Central del P.C.Ch. en la clandestinidad, encargándose de las publicaciones ilegales, recuperando así las figuras claves de la cultura progresista checoslovaca. En esos dos años casi todo el Comité Central había caído en manos de la GESTAPO. A Fucik lo capturaron tiempo después. En la cárcel se enfrentó, como muchos de nuestros compañeros en la última dictadura militar que sufrió la Argentina, a los dilemas de la tortura y a la voluntad de los guardias. De hecho fue gracias a uno de ellos –un tal Adolf Kolinsky, posiblemente un comunista infiltrado entre los guaridas – que consiguió papel y lápiz a través de las cuales inmortalizó su vida en el ejemplo del coraje, de la convicción y de la fuerzas que pueden darle al hombre las ideas. Así escribió en cautiverio y bajo el sufrimiento de la tortura diaria, su ocultado “Reportaje al pie del patíbulo”*.
Cuentan que el Che recomendaba ese libro a sus compañeros del Granma para forjarlos como el acero ante posibles hechos futuros. El poeta comunista Pablo Neruda compartió con Julius su admiración por la Revolución Soviética y su conductor en ese período, José Stalin, quien luego derrotó a los nazis “liberando de su yugo a mas de medio continente Europeo y al mundo mismo”. El poeta chileno sugirió, además, que “quizás no hubiera un trabajo más grande y simple que el de Reportaje…, y ninguno escrito en tan horrendas circunstancias”. En 1954 escribió su quinto libro, “Las uvas y el viento” donde lo retrató: "el clandestino de la medianoche/ y el alba organizada/ la circular que mancha/ con su tinta fresca/ y así calle tras calle/ Fucik, con tus consignas/ Fucik, con tus folletos/ con tu viejo sombrero/ sin orgullo/ ni humildad".
Estábamos en abril de 1942, cuando fue detenido por la GESTAPO. En prisión y bajo tortura se mantuvo firme en sus principios, sin denunciar a sus compañeros de lucha clandestina ni negar su filiación comunista en ningún momento, bajo ninguna circunstancia. La última tanda de reflexiones que alcanzó a garabatear Fucik data del 9 de junio de 1943. Él fue conducido a Berlín para enfrentar un juicio en el que hasta su propia defensa pidió la pena máxima. Quince días después, la mordaza y el sonido del disparo.
Terminada la Segunda Guerra, el guardia Kolinsky, que sacó hoja por hoja los escrito de Julius, buscó a Augustita (Gusta Fucíková, a quien Julius creía muerta) –la viuda, que acababa de salir de un campo de concentración- y le entregó los manuscritos. Al ordenarlos cronológicamente leyó la última oración que habían trazado las manos de su esposo: "Hombres, yo los amé ¡Estén alertas!". Relata ella en una entrevista “Después de la derrota de la Alemania hitleriana, en mayo de 1945, los detenidos que los fascistas no habían tenido tiempo de asesinar fueron liberados de cárceles y campos de concentración. Yo tuve la fortuna de hallarme entre ellos”. Tiempo después, Gusta editó y publicó los escritos, que adquirieron gran resonancia internacional al traducirse a ochenta idiomas.
Pocos días antes de su fusilamiento, los oficiales de la policía política alemana habían tratado de hacerlo hablar, sin conseguirlo, recurriendo a las vías más humillantes de coacción. En los últimos párrafos del libro Julius plantea su decisión de colaborar. Pero no fue debilidad ante la presión, fue astucia y coraje. Logró así desviar la atención fascista por caminos errados y proteger la vida de aquellos luchadores que aún se encontraban en libertad, como luego se comprobaría. Nos decía "La fraternidad de los oprimidos está sometida a una presión que la concentra, la fortalece y la hace más sensible. Atraviesa los muros, que viven, hablan y transmiten mensajes".
Su obra sirve para diferenciar a las “figuras” de las “figuritas” como diría Fucik, para diferenciar a los héroes de los inconsecuentes y los mediocres. Por su valor testimonial y excelente prosa, Reportaje al pie de la horca no cesa de circular en las librerías. Cada 8 de septiembre, fecha de su muerte se le rinde homenaje y se celebra, además, el Día Internacional del Periodista.
“El poco tiempo que me resta permanecer en la cárcel de Pankrác no me permite dar a este reportaje la forma que debiera tener. Debo ser más conciso. Mi reportaje constituirá el testimonio de los hombres, más que el de toda una época. Creo que es lo más importante.”
“Quisiera que todos ellos estén siempre cerca de nosotros, como miembros de vuestra familia, como vosotros mismos. Los nazis han exterminado a familias enteras de héroes. Amad por lo menos a uno de ellos como si fuese un hijo o una hija y sentíos orgullosa de él como de un gran hombre que vivió para el porvenir.”.
Nos trae la palabra de una compañera presa, María Jelinek “Patrón, diga a los de afuera que no me compadezca nadie y que nadie se aterrorice de mi suerte. Hice lo que me ordenaba mi deber de obrera, y de acuerdo con eso moriré.” Y nos dice de otra compañera, Lída: “para ella el deber de un miembro del Partido no podía cambiar: el deber de no permanecer de brazos cruzados, cualquiera que fuese el sector de lucha”. De papá Skorepa nos dice “Ante todo, conoce su deber. Es un comunista que sabe que no hay lugar donde pueda dejar de serlo, donde pueda cruzarse de brazos y abandonarse a la inactividad”. “¿Qué opinamos de aquél que presume de haber cumplido con su deber, de aquél que busca gloria por haber cumplido con su deber? Seguramente no un comunista, no un revolucionario, no un hombre íntegro.”
En uno de esos papelitos escribió: "He vivido por la alegría, por la alegría he ido al combate y por la alegría muero. Que la tristeza no sea nunca unida a mi nombre". Así se lo recordará por siempre.
*La versión completa del libro se presentó en Cuba por primera vez en el 2006 y fue dedicado a los cinco luchadores antiterroristas cubanos, que este año cumplen una década de injusta prisión por el hecho de haber salvado ciento de veces al Pueblo cubano, de atentados terroristas de la CIA y el Gobierno de EEUU.
Por Matías F. Nielsen
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