martes, 1 de marzo de 2011

Más de 50 mil almas pidieron a la Justicia aplique la ley de Medios

Para TEA
16/04/2010


Más de 50 mil almas pidieron a la
Justicia aplique la ley de Medios


La marcha multitudinaria convocó a casi 300 organizaciones que le reclamaron a la Justicia que aplique la nueva Ley de Servicios Audiovisuales. Ésta quedó suspendida, sin antecedentes en la historia argentina, por dos fallos de jueces mendocinos.

Más de 50 mil personas marcharon ayer para exigir que se aplique la Ley de Servicios Audiovisuales que aprobó el Congreso a fines del año pasado, y que dos jueces de Mendoza intentan anular. Cientos de columnas de organizaciones sociales, políticas y sindicales llenaron las calles entre Congreso y Tribunales.
     Todo indicaba que iba a ser una tarde lluviosa. “Si nos mojamos, no va a ser por la lluvia, va a ser por el llanto de los monopolios”, sentenció un militante de la Escuela Carlos Pellegrini, pero las nubes se alejaban a medida que corría la tarde.
     Por la avenida Callao, a lo largo de unas nueve cuadras, entre Perón y Méjico; y por avenida de Mayo, unas ocho cuadras hasta pasando la avenida 9 de julio, era complicado caminar debido a la densidad de las columnas.
     Hace menos de un año, muchas de estas organizaciones, encabezadas por la Coalición por una Radiodifusión Democrática, marcharon desde la Casa Rosada hasta Congreso, en apoyo a la iniciativa del poder ejecutivo de que el legislativo apruebe el proyecto de Ley, cosa que lograron. Ahora la marcha continuó a Tribunales para que el Poder Judicial deje de trabar la ejecución de la nueva ley.
     Desde antes de las 17, ya se veía gente. Llamaba la atención la cantidad de personas que fue con amigos o en familia, y con remeras del programa 6-7-8. Cerca de las 18 comenzó a avanzar la manifestación.
     En el camino los muchos automovilistas que se veían interrumpidos por la marcha tocaban bocina. Muchos a favor, muchos enojados. Lo mismo ocurría con los vecinos que salían a los balcones para ver el desfile de banderas y personas que pedían por una mayor cantidad de voces en los medios masivos. Pero a diferencia de los anteriores, sólo se veía a los que miraban atónitos y a los que saludaban contentos. Lo más destacado en este rubro, fue sin duda las travestis y prostitutas que se asomaban en tetas o ropa interior a saludar.
     Una de las columnas más importantes parecía ser la del Encuentro de la Militancia Nacional y Popular, corriente del Frente para la Victoria, que aglutina a más de 10 intendentes de Buenos Aires, el Frente Grande, el Partido Comunista Congreso Extraordinario y el PI, entre otros. Mario Secco, de Ensenada, que encabezaba esta columna junto al Barba Gutiérrez, de Quilmes, comentó muy entusiasmado que “ésto no se lo esperaban los golpistas, con esta manifestación la Ley se va a tener que cumplir”.
     El acto comenzó ni bien llegó la cabecera de la marcha a Tribunales minutos después de las 19. Contó con la presencia de Hebe de Bonafini, de Madres de Plaza de Mayo; Estela de Carlotto, de Abuelas; Julio Piumato, de la CGT; Hugo Yasky, de CTA; y los músicos Ignacio Copani, Teresa Parodi y Liliana Herrero, entre otras personalidades y dirigentes. Había tanta gente, organizada o no, que fue una marcha lenta y las últimas organizaciones llegaron a la Plaza Lavalle recién para el final del acto, cerca de las 22 horas.

Por Matías F. Nielsen
Corregido por Gabriela Ramos




16/09 - Los cantos, el niño y la historia que se hace presente


Para TEA
23/09/2010


Multitudinaria marcha por la Noche de lo lápices
Los cantos, el niño y la historia que se hace presente
Otro 16 de septiembre pasa con miles y miles de estudiantes secundarios, universitarios y trabajadores recordando a los héroes que fueron secuestrados y torturados por la dictadura hace 34 años en La Plata.


Al pensar en un joven, droga, sexo, vagancia, desinterés, vandalismo son algunas de las palabras que se le pueden aparecer en la mente a una persona de mediana edad que consume tantos medios masivos de comunicación como el promedio de la sociedad. Hace 34 años secuestraron a 10 pibes que reclamaban por un boleto, pero ni eran 10 ni sólo pedían un boleto. “Éramos estudiantes secundarios que luchábamos por un mundo más justo y por una sociedad más democrática, el boleto era la excusa para repudiar a los milicos que se venían con todo”, cuenta Emilce Moler, una de las 4 sobrevivientes de aquella noche. Todo ésto no es casual, pensando en estos jóvenes algunos sectores del poder criminalizan y desprestigian a la juventud. “Para ellos, mejor reos que organizados y con un proyecto político”, reflexiona Emilce.
     En homenaje a los desaparecidos esa noche que hoy recordamos como La noche de los lápices, se organiza cada año la marcha del 16 de septiembre. Este año en la Ciudad de Buenos Aires no fue sólo una marcha conmemorativa sino que se dio en el marco de uno de los principales y más fuertes movimientos contra el Jefe de Gobierno Mauricio Macri y en defensa de la educación pública y gratuita.
     Con casi 50 escuelas tomadas en reclamo por condiciones dignas de cursada, los jóvenes de la Coordinadora Unificada de Estudiantes Secundarios (CUES) encabezaron la impresionante marcha que desbordó por varias cuadras la Avenida de Mayo. “Educación para pocos es Pro”, la tan repetida como sentida “podrán cortar todas las flores, pero no acabar con la primavera”, o “defendamos la educación pública” eran las consignas más vistas. Parejas, grupitos de amigos y familias que esperaban a que los miles y miles de “compañeros” lleguen a la Jefatura de Gobierno porteña, comenzaron a escuchar las voces alzadas de quienes coreaban recién cuando la marcha estaba ya a poco más de una cuadra. A medida que la columna se acercaba, el murmullo se transformaba en canto desgarrado: “La educación del pueblo no se vende, se defiende”, era lo que emanaba de las gargantas. De repente, una voz aguda y suave apareció entre todas las demás, desde abajo, transformando lo asombroso en increíble. Un niño de tan sólo 4 o 5 años le explica a su joven madre que todos teníamos que estar juntos defendiendo la escuela. Mientras el muñeco de Mauricio era prendido fuego por militantes kirchneristas, los opositores se separaban para marchar a la Casa Rosada. Muchas ideas fluyeron, pero una quedó: no sólo no pudieron acabar con la primavera sino cada vez hay más flores creciendo en esta Patria

Matías Nielsen
Taller II - 2ºD – TT – TEA
23/09/2010


     Con casi 50 escuelas están tomadas en reclamo por condiciones dignas de cursada los jóvenes de la Coordinadora Unificada de Estudiantes Secundarios (CUES) encabezó la impresionante marcha que desbordó por varias cuadras la Avenida de Mayo. Carteles contra Macri, la tan repetida como sentida “Podrán cortar todas las flores, pero no podrán acabar con la primavera”, o “Defendamos la educación pública”, eran las consignas más vistas. Parejas, grupitos de amigos y familias esperaban a que los miles y miles de “compañeros” lleguen a la Jefatura de Gobierno porteña, y cuando la marcha estaba a una cuadra, se escucha ya las voces alzadas de quienes coreaban: “la educación del pueblo no se vende, se defiende”. De repente, se escucha una voz finita entre todas las demás, y es increíble, un niño de tan sólo 4 o 6 años le explica a su joven madre que todos teníamos que estar juntos defendiendo la escuela. Mientras el muñeco de Mauricio se prende fuego, las ideas fluyen y una queda: No sólo no pudieron acabar con la primavera, cada vez hay más flores en nuestro país.

Por Matías F. Nielsen
Corregido por Gabriela Ramos

Crónica del 17 de junio / Mundial

Para TEA
17/06/10

Crónica de quienes llegamos siempre tarde

El mundial ataca nuestros cerebros y moviliza nuestros sentimientos, aunque uno no sea muy futbolero. La noche anterior al primer partido de la selección en primera fase, contra Nigeria, no había dormido nada. Cuatro horas después de acostarme sonó el despertador y salté de la cama dejando a mi compañera dormir, para irme a lo de un amigo a ver el partido. La mañana era muy nublada y bastante fresca pero no sólo había aroma a lluvia, había algo más. Caballito suele ser muy tranquilo los sábados a esa hora, pero ese día se escuchaban desde lejos las trompetas de cancha y los bocinazos de los automovilistas que viajaban hacia alguna pantalla con el mismo fin que yo: ver a la selección argentina derrotar a la africana.
     Me subí a la moto rumbo a Belgrano y en el camino se iba sintiendo cada vez más la presión de tener que llegar a tiempo. No sólo yo estaba apurado; otros conductores iban cambiando los ritmos alegres de sus bocinas por timbres más largos y algún insulto a quien no despabilaba. Pero con esos malhumores de algunos contrastaba la alegría de quienes iban caminando con bebes en andas, con su pareja de la mano o entre amigos, buscando un bar o la casa que lo albergara. Argentina ganó 1-0 y después de festejar con la gente querida, ya quería volver a dormir un poco más. Era sábado y reinaba la tranquilidad, la felicidad y el nerviosismo en el aire.
     No fue lo mismo en el segundo partido, contra Corea del Sur. Esa mañana me desperté en Palermo, en mi casa, también con sueño, pero el habitual. El jueves fue un día más soleado, me vestí, agarré la moto y me fui al trabajo.
El clima ya no era tan relajado como el sábado del primer partido. Muchos, como yo, debían ver el partido en sus lugares de trabajo así que se despertaron antes para no perderse ni un minuto de la transmisión. El tráfico era denso, las caras de todos y cada uno decían: “Tengo que llegar a tiempo”, y tocaban bocinas, corrían en la calle o golpeaban sus pies contra el piso, esperando a que corte rápido el semáforo.
Cada uno habrá llegado o no a ver el pitido inicial; yo por suerte sí, 10 minutos antes. Fui a mi escritorio, me saqué la campera, preparé el mate y bajé al salón donde proyectaban el partido. Ya había mucha gente, y poco a poco fueron cayendo otros menos afortunados mientras los equipos ya se enfrentaban en la cancha. Uno a uno, todos gritamos los cuatro goles. Jefes y empleados, los de seguridad, los de limpieza, los administrativos, los funcionarios, todos gritamos cuatros veces “Gooool”, y una vez golpeamos la mesa con fuerza y rabia por el gol injusto que nos metieron los surcoreanos. Terminó el partido y el de limpieza a limpiar, el de seguridad a cuidar, el jefe a mandar y nosotros hacia nuestras computadoras. Hasta el próximo partido, no creo que vayamos a volver a abrazarnos todos juntos de la misma manera.
Por Matías F. Nielsen
Corregido por Gabriela Ramos